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domingo, 6 de noviembre de 2011

¡Gracias Guardia Civil! Por Pablo Mosquera

Les reproducimos por su calidad y enorme interes el artículo publicado por Pablo Mosquera, fundador de Unidad Alavesa y diputado por la provincia de Álava y que actualmente vive en Galicia por la presión del separatismo vasco. Mantiene una clarificadora columna de opinión en La Voz de Galicia desde cuya atalaya siempre defiende la labor de la Guardia Civil, que desde los Círculos le agradecemos.


¡Gracias, Guardia Civil! Mientras los politicos hablan, la Guardia civil sigue trabajando. Mientras los políticos quieren adjudicarse el triunfo sobre ETA, la Guardia Civil no descansa y mantiene sus operativos. que han sido el núcleo central sobre el que gravita el exitoso acoso a la banda Mientras los políticos caen una y otra vez en tentaciones mediáticas de conferencias en las que se da protagonismo a ETA y su entorno, la Guardia Civil detiene a sus comandos. 

Mientras el candidato a seguir en el Gobierno trata de apuntarse el éxito del final  del terrorismo, la Guardia Civil celebra su patrona recordando a más de 200 agentes asesinados por los gudaris. 


Dice el Cantar de Mfo Cid: «qué buen vasallo, si tuviese buen señor». Son 167 alíes de servicio a España Desde la austeridad casi franciscana de aquellas casas cuarteles en la España rural, hasta las modernas instalaciones actuales. Algo tiene este cuerpo que transmite orgullo de padres a hijos para seguir -polillas- el servicio en las más diversas circunstancias, incluida la del riesgo que hemos compártido en silencio. sin un paso atras en el Pais Vasco, para llegar hasta hoy, en que la perseverancia ha dado sus frutos, dejando claro que la colaboración internacional ha sido más eficaz en la medida que se ha permitido la presencia de la Guardia Civil en territorio de Francia. 


He visto a jóvenes recién salidos de Valdemoro y veteranos oficiales y suboficiales compartir en Sansomendi de Vitoria momentos duros; lo mismo .en Llodio, un emplazamiento que ETA quería borrar de la faz de la Tierra, o a las unidades de información y del GAR realizar su trabajo en los momentos más diflciles, casi desesperados de contra la lucha contra el MLNY, cuando parecía que iban ganando. A mis escoltas de la unidad de élite de la policía vasca los sometía a un test. Consistía en acudir regularmente al bar de jefes y oficiales de la Guardia Civil en Vitoria. Solo me servían los que no se quedaban fuera. Con el tiempo, eran ellos mismos los que me pedían entrenar con sus hermanos mayores del Instituto armado. 


No debemos olvidar nunca lo que este país le debe al benemérito instituto donde enseñan que hay dos cuestiones básicas en la vida: el servicio a España y el honor. Con gentes así paisanos en estado puro, dedicados a cuidar de los demás, este viejo territorio puede dormir tranquilo.

sábado, 15 de octubre de 2011

Artículo de opinión de un Guardia Civil de Tráfico

Toca leer en prensa estos días diversos titulares relacionados con la profesión. Huelga de bolígrafos caídos, la llaman. -En junio han puesto 58.000 multas frente a las 188.000 del mismo mes en 2009, continúa el artículo. La DGT está recabando datos para verificar tal hecho que, de ser cierto, podría acarrear graves sanciones para aquellos que secunden tamaña tropelía.

Como miembro de la agrupación de tráfico de la guardia civil todas estas noticias me acaban tocando un poquito la “fibra” y llega un momento en el que uno siente la obligación de intentar explicar un poco la situación. ¿Huelga? No, señores. Nadie ha promovido una huelga. Primero porque el reglamento lo prohíbe de modo explícito y segundo porque nuestra responsabilidad como profesionales nos impide incluso plantear tal cosa. 

Acabamos de finalizar la celebración del 50 aniversario de la agrupación de tráfico y los que pertenecemos a ella, hemos recibido un fantástico libro conmemorativo en el que se refleja perfectamente la evolución de la misma. Creo que muchos nos hemos quedado con un sentimiento mezcla de nostalgia y pena. Nostalgia por los tiempos pasados. Uno siempre los recuerda mejores. Y pena por ver en qué se ha convertido esta institución. Aquellos que lo hemos vivido desde muy pequeños, soñábamos con subir a nuestra moto o hacer un curso de atestados, vigilar estas carreteras de dios. Prestar cuanta ayuda estuviera en nuestra mano, servir de utilidad, proteger, auxiliar y continuar nuestro camino. Voy a citarles de modo textual el que para mí es el más importante de los artículos de la cartilla de la guardia civil. Una artículo que sigue en pleno vigor y que llena de orgullo a cualquiera que decida servir a esta labor. 

-Será siempre un pronóstico feliz para el afligido, infundiendo la confianza de que a su presentación, el que se vea cercado de asesinos, se crea libre de ellos; el que tenga su casa presa de las llamas considere el incendio apagado; el que vea su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último, siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos-

Antaño la guardia civil de tráfico, contaba con la simpatía de la práctica totalidad de los automovilistas y hoy muchos percibimos que la situación es bien distinta. Está en la calle, en los medios, en internet, en cualquier conversación en un bar. 

- ¡Me han cazado! ¡Estaban detrás de un árbol y flash, la foto! ¡300€ me ha sacado! Otro responde ¡No hay derecho! A mí me han quitado 3 puntos. –He recorrido 600 kilómetros de viaje y no he visto una sola patrulla- -la autopista llena de obras, retención de media hora en el peaje y ni un guardia. Tres kilómetros después estaban con el radar!... Sufrí un accidente, me salí de la carretera. Vino la guardia civil y encima me denunció. 

No somos ajenos a estas conversaciones como tampoco somos ajenos a las cada vez menos simpatías que como colectivo despertamos. Vivimos tiempos difíciles. La crisis aprieta e incluso ahoga a algunos. La labor de quien denuncia nunca ha sido agradecida. Si a ello sumamos el hecho de que algunas de estas sanciones son difícilmente explicables, entramos en una dinámica muy compleja. 

La administración pide que apretemos el cinturón, que acotemos los gastos. Reducir el consumo de los vehículos, reducir la cantidad de boquillas de alcoholemia a utilizar, pero no alcoholemias realizadas, permanecer más tiempo estacionados en determinados puntos... Y mientras tanto, parece que debemos producir una cantidad igual o mayor en denuncias que en épocas de bonanza. Si estamos estacionados en un punto de vigilancia, no podemos observar infracciones y además, el ciudadano que sí las ha observado en su trayecto, obtiene la impresión de que la pareja de la guardia civil “estaba durmiendo a la sombra” ¿Pretende la DGT que nos dediquemos a parar a todo aquel que pase por delante para ver qué podemos encontrar? Recordaré que además de poco ética, tal práctica es como mínimo ilegal. 

¿Cómo explicar a quien ha sufrido un accidente, que además del disgusto se va a llevar una “receta” porque la DGT entiende que la mera producción del siniestro y las evidencias de las causas que lo han motivado, son suficientes para aseverar que se ha producido la infracción? Pues con estas mismas palabras. De lo que no podemos convencerle es de que cambie la cara de decepción que se le ha quedado. Oiga, cumplimos órdenes. -Y el pobre hombre, no se atreve a decir nada. Si por tener un accidente me acaban de apretar 150€, si abro la boca igual me caen 300, piensa. Probablemente hoy me llame mi madre. Le estarán pitando los oídos. 

Me cuenta un compañero que un señor ha caído en el radar y estaba molesto. –Acaba usted de arruinarme el mes, que lo sepa. Me dice que se estaba pagando el Opel Corsa que lleva, que lo necesitaba para ir a currar. Y claro, le acabo de dar el alto a bordo de un Mercedes camuflado con radar. ¿Pero en que están pensando los de arriba? No se dan cuenta de que el ciudadano piensa que nos estamos riendo de él. 

El ciudadano ya no nos pide información, no para a preguntar. No vaya a ser que se detenga pisando alguna línea y se lleve propina. Prefieren volverse locos con un mapa o un GPS antes de pedir ayuda, tal es el miedo que nos están cogiendo. 

Las normas sobre el nombramiento de los servicios no se cumplen, en el año 2010, un guardia civil sigue sin conocer su turno de trabajo mensual y en muchas unidades, siquiera semanal. Los cambios se suceden día tras día sin explicación ninguna. Se cambian noches por tardes, tardes por libres. No se respetan las horas mínimas de un día libre. Mientras que un guardia puede hacer en un mes ocho noches, otro de la misma unidad hace cuatro. Las productividades se reparten a total discreción del mando de turno sin que medie criterio objetivo ninguno. Las órdenes se reciben de cualquier forma sin que nadie se responsabilice de ellas o quiera entregarlas por escrito. Si se tiene un accidente laboral es probable acabar amonestado o corregido. Las bajas medicas se suceden. Los disgustos, las presiones, los sinsabores. Para colmo recorte salarial medio del 5% y rumores varios de la anulación del complemento de tráfico. Ninguna recompensa y ver demasiada miseria todos los días. Ese es el premio de quien trabaja en este cometido. 

Ayudaba cuando alguien te decía ¡Viva la guardia civil! Pero ahora ni eso. Ahora el ciudadano, conductor a la postre, huye despavorido ante una casi segura sanción de tráfico y sus consecuencias. Nos hemos convertido en el brazo ejecutor de una administración insaciable. Sólo ávida de papel moneda para paliar sabe dios qué ruinosa situación. 

Para bien o para mal, tráfico es la imagen de la guardia civil. El emblema del instituto. 

Todo el mundo circula por la carretera y en algún momento del camino, se encuentra con nosotros. Lo que de nosotros se lleve será el recuerdo que reciba de la guardia civil y lamentablemente, en estos tiempos, no suele ser un recuerdo agradable. 

La gente se preguntaba ¿Dónde está la guardia civil? ¿Dónde se meten? ¿Qué están haciendo cuando tanta falta nos hacen? Ahora prefieren no vernos. Se siente acosados desde las cunetas, vigilados desde un helicóptero o desde esas cajitas blancas encima de los pórticos. 

Trabajamos más horas que ningún cuerpo policial y cobramos menos, recibimos continuas presiones y tenemos pocos derechos reales. Ahora por si fuera poco, nos granjeamos día a día la antipatía de los que eran nuestros aliados. Los ciudadanos. Aquellas personas agradecidas a las que poníamos unas cadenas, cambiábamos un neumático o acompañábamos si se encontraban perdidos. Poníamos unas pinzas o ayudábamos en un accidente. Hoy las necesidades del servicio no lo permiten. No hay tiempo para nadie ni para nada que no “pague su tasa” 

Hoy el motorista escolta transportes especiales, permanece parado en un punto y hace alcoholemias. Entre tanto asiste accidentes y regula el tráfico. Por si les parece a ustedes poco, limpia la moto, lava el coche, anota docenas de prevenciones en la papeleta o asiste a algún juicio. Nada de eso tiene valor ninguno estadísticamente. Si no hay denuncias, no has dado un palo al agua. 

El especialista en atestados asiste accidentes, elabora informes, realiza docenas de absurdas estadísticas y se pasea por los juzgados de vista en vista. Da igual, como no suelen denunciar, estadísticamente no producen nada, así que por más horas que echen y más accidentes que asistan, tampoco dan un palo al agua. 

Así estamos señores. Una agrupación de tráfico atada de pies y manos obedeciendo a algún oscuro interés. De tal suerte que la agrupación se ha partido en cuatro pedazos; Los que se han hartado de todo y se marchan. Los que se dan de baja y ya no quieren saber nada, los que se rebelan contra el sistema y luchan desde dentro y los que aceptan todo lo que les echen. Todos tienen algo en común; Están cansados de esto y desean que llegue un cambio. Alguien que desde su responsabilidad como mando superior plante cara a esta situación, relea el libro conmemorativo, la cartilla de la guardia civil, el acta fundacional de la agrupación y diga. ¡Aquí comienza un nuevo día para tráfico! El día de la responsabilidad, la actitud, la aptitud y la claridad de criterio. La vuelta a los pilares de todo esto, aquellos en los que el conductor, caso de ser observado cometiendo una infracción era infractor y no supuesto delincuente. En los que rechazábamos diariamente por decoro invitaciones en los bares de carretera de conductores amigos, de usuarios felices de toparse con nosotros. En fin, los días en los que como dice la cartilla, éramos un pronóstico feliz. 

Seguimos vigilando las carreteras, subidos en la moto o en la furgoneta, haciendo atestados, realizando auxilios, informando a todo el que lo necesita y poniendo multas. Sí, ponemos multas también. Me sorprende sobremanera que la DGT pida explicaciones por el descenso en la cantidad de multas impuestas. La respuesta es sencilla. Mejores conductores. ¿No se trataba de eso? ¿No buscábamos un mejor comportamiento en las carreteras? ¿No intentábamos por todos los medios que la gente no corriera, que no utilizara el móvil, que no adelantaran en continua? Está claro. Lo hemos conseguido. ¿No dicen eso las cifras de siniestralidad? 

El titular debería ser –La agrupación de tráfico consigue un descenso de casi el 70% en el número de infracciones- Pero no; A quien dirige a día de hoy la DGT le queda tan grande el cargo, que ni esto sabe vender. Y es que la ambición le ciega. No se explica de otra forma, pero es evidente. Si ya existe una previsión en los presupuestos generales del estado para aumentar la recaudación en multas de tráfico y resulta que se van a quedar muy cortos, es normal que el señor se enfade y lo pague con los de siempre. Con la guardia civil de tráfico. Si hay menos denuncias de alcoholemia, será que hay menos borrachos al volante y si se han reducido las denuncias por cinturón o por el uso del móvil, será propio pensar que al fin los conductores se conciencian. Pero no. Es mejor ser suspicaz y pensar como el ladrón, por aquello de la condición. Es más bonito pensar nuevamente que la guardia civil de tráfico está otra vez metiendo el dedo en el ojo a la superioridad. ¿Buscando una excusa para otro recorte salarial. 

Si según nos informa la DGT se han reducido los accidentes, los heridos y los fallecidos y además de todo esto, las infracciones descienden de forma radical ¿Dónde está el problema? Explíquemelo porque yo no lo veo. Seré tonto o despistado, pero la única explicación que cabe encontrar es la del descenso equivalente en la recaudación. 

Si se trata de eso, si se trata de “darle caña al ciudadano” de “sacarle los cuartos” de “producir a destajo” o de cumplir unos objetivos mínimos en cuanto a denuncias, que lo digan claro. Que hablen sin careta y así muchos sabremos a qué atenernos y decidir si queremos participar de ello. De momento estamos en el limbo. 

Por eso cuando leo en los medios que estamos en huelga por el salario, me ofendo. Digan más bien que no están llegando a la recaudación prevista. Y sí; Es por dinero. Tenemos familia y necesidades. Pero que se pretenda vendernos tan baratos me molesta. El dinero es la última de las reivindicaciones aunque no por ello menos importante. Es por dignidad, es por respeto, es por justicia. Por eso se está produciendo poco a poco sin que nadie tome las riendas, ese cambio. Un cambio no orquestado, no dirigido. Más bien como una corriente de opinión o moda por la que queremos reconciliarnos con la sociedad de una enemistad a la que nos han forzado intereses ajenos. No lo llamemos huelga, que no. Llamémoslo cambio, reforma. El movimiento al que nos ha llevado tanto hastío y tanta tomadura de pelo con la excusa de la seguridad vial. 

(*) El que firma abajo, no es el autor de la misma, yo sigo destinado en Seguridad Ciudadana por los tiempos de los tiempos... pero me identifico plenamente con el autor al igual que muchos compañeros.

Juan Couce Bouza

jueves, 15 de septiembre de 2011

Los debates sobre la Guardia Civil

Por Luis Solana*

De tiempo en tiempo se abren debates sobre la Guardia Civil que podrían resultar sorprendentes para algunos ciudadanos. ¿Es un cuerpo militar? ¿Es un colectivo policial? ¿Es un cuerpo policial con naturaleza militar? Pero lo curioso es que a este debate permanente sobre la naturaleza de la Guardia Civil se ha añadido últimamente otro: ¿tienen los guardias los mismos derechos laborales que los policías? Este último es muy inteligente: plantea lo mismo que en otros tiempos, pero con razones de hoy.
La manifestación de guardias civiles del pasado 18 de septiembre ha significado un momento importante en este debate, digamos sindical, y se ha deslizado discretamente sobre el otro, el del carácter militar de la Guardia Civil. Pero lo han conseguido.
La verdad es que los guardias que quieren tener actividades reivindicativas consiguieron un éxito importante cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló la prohibición de la Delegación del Gobierno de poder manifestarse. Desde ahora ya sabemos que los guardias civiles pueden salir a la calle para demandar cuestiones relacionadas con sus condiciones de vida y de trabajo.
Comprendo que los que creen que la Guardia Civil tiene que estar cerca de lo militar se hayan sentido frustrados. Pero los que quieren que la Guardia Civil sea puramente policial tampoco han salido contentos de la manifestación. Nadie estará contento con la definición de la Guardia Civil hasta que consigamos explicar claramente a los ciudadanos qué es y para qué sirve la Guardia Civil en su seguridad.
Es verdad que este debate policial / militar ya no es tan ácido como fue en los primeros años de la democracia, pero todavía no está plenamente asentado.
En un Estado moderno es imposible hablar de seguridad si no se habla de graduación de la fuerza. Simplificar es muy fácil, pero muy ineficiente. Hasta no hace mucho tiempo las naciones creían que con los soldados podía enfrentar el Estado todas sus amenazas. Pronto surgió el concepto policial para corregir las agresiones ciudadanas menores. Pero quedaba una zona intermedia sin cubrir. Y se inventó la Gendarmería. Y más tarde, en España, la Guardia Civil. Convendría recordar que, la Guardia Civil, es un producto de la racionalidad francesa que supo que sin dosificar la capacidad de violencia del Estado se corre el riesgo de que no haya eficacia policial o militar.
Pues esa institución es ahora una necesidad para muchos países democráticos y desarrollados. El modelo "Gendarmería" lo tienen, Francia, España, Portugal, Holanda e Italia. Alemania anda cerca con su Guardia de Fronteras. Pero el mundo anglosajón sufre su carencia. Pocos países como Reino Unido hubieran deseado tanto tener su Guardia Civil para enfrentarse al conflicto del Ulster: o lo afrontaban con policías (era poco) o lo hacían con soldados (era demasiado).
El concepto de Guardia Civil se está imponiendo en todo el mundo como fórmula eficaz para enfrentarse a una violencia moderna sin Estado, sin límites y sin objetivos estables. La Alianza Atlántica ya ha creado un Cuartel General específico para la Gendarmería europea. Ahí está la Guardia Civil española.
Pero, ¿y en casa? Contar con una fuerza mitad soldado, mitad policía, es positivo para un ciudadano español que quiere seguridad. Se precisan policías que tengan disciplina militar para atender casi en solitario puestos de seguridad en el territorio. Se precisan soldados con formación policial para afrontar los retos del crimen internacional organizado. Y no cuento lo imprescindible que son los policías-soldados cuando de presencia internacional de España se trata.
Pero los Gobiernos y los partidos europeos tienen que fijar de una vez por todas las características legales y funcionales de estos "gendarmes": la confusión sindical, policial o militar hay que evitarla ya mismo.
El final de ETA será realidad (entre otras muchas cosas) por la eficacia policial y la disciplina militar de la Guardia Civil. El conflicto de Afganistán, la guerra de Afganistán, los desórdenes de Afganistán, la cooperación en Afganistán solo tendrá un final aceptable si fuerzas como la Guardia Civil dirigen las operaciones en los largos minutos previos al final.
Si no retomamos el espíritu cartesiano de la Francia napoleónica que inventó la Gendarmería, no podremos entender por qué es fundamental contar con la Guardia Civil para enfrentarnos a los retos de inseguridad de hoy. Las recientes asociaciones creadas en la Guardia Civil han lanzado un mensaje aparentemente demoledor: queremos las mismas horas de trabajo que los policías. Pero es un mensaje que se parece muchísimo a: queremos que la Guardia Civil no sea militar.
¿Alguien discute que el horario de un soldado depende de los peligros de cada momento? Nadie. Pues ese es el horario de un Guardia Civil. A un policía no se le puede pedir más horas que las pactadas sindicalmente o reglamentariamente. A un guardia civil se le pueden pedir todas las horas que una amenaza genere a la ciudadanía. Por eso a las misiones policiales / militares internacionales se envían guardias civiles o gendarmes y no policías.
Un respeto a la Policía y un respeto a la Guardia Civil. Pero no son iguales. Y menos tratando que su identidad venga desde los horarios de trabajo.

Luis Solana Madariaga es presidente del Observatorio Europeo de Seguridad y Defensa (OESD).

miércoles, 20 de octubre de 2010

Tricornios, silbatos y pancartas

Por Cesar Román*
A Rubalcaba se le quedaba cara de pocos amigos y dóberman casquista cuando recibió una pitada en el colegio de Valdemoro en la festividad del día del Pilar. Familiares, amigos y guardias civiles le recibían con silbidos y abucheos.
A mí lo que menos me llama la atención de eso es la cara de Rubalcaba. Que les aplaudan y al día siguiente les pinten va intrínseco en el sueldo de los políticos. Y si no, que se lo pregunten a Aznar o a Zapatero. Pero lo que resultaba chocante, y por eso era noticia, es que eso se produjera en la disciplinada y siempre callada Guardia Civil. Desde su fundación, ni la república, ni la dictadura, ni la democracia han valorado suficientemente la abnegada labor de estos hombres y mujeres. Menos aún les han pagado los salarios dignos y acordes con su función y su riesgo.
Y eso que no es sólo salario lo que reivindican, sino medios materiales con los que hacer su trabajo de forma eficaz. Muchos guardias están cansados y aburridos de no tener gasolina para hacer la ronda en coche, de tener que adelantar gastos de sus bolsillos que les son devueltos varios meses después, de pedir hasta folios en los ayuntamientos, de casas cuartel que se caen a trozos o de tener que andar trampeando con los talleres de la zona para que les pongan los neumáticos usados que les quitan a los coches de los vecinos. Eso por no hablar de andar sin chalecos y medidas de autoprotección mínimas. En definitiva una vergüenza y un mal pago para quienes están dispuestos a garantizar con su vida la libertad de la que otros disfrutamos.
La vida espartana de la milicia se la enseñaron en la academia y como tal la asumieron. De eso no cabe duda alguna. Sólo hay que ver la labor que hacen a pesar de las carencias que les hacen pasar los políticos de turno. Y en este caso no hay color que pueda colgarse la medallita de haber considerado de forma consecuente a la benemérita. Algunos casos personales aislados hubo a ambos lados de la trinchera política. Rodríguez Ibarra, quien declaró que “yo no necesito ninguna policía autonómica porque tengo la mejor, que es la Guardia Civil” llevó a cabo una labor de reforma de los cuarteles del pleistoceno extremeño, pagando los gastos que eran competencia de Defensa e Interior. Federico Trillo lo intentó también en cuestión de sueldos y en reordenación de servicios, paliando en algo las lamentables nóminas de los guardias y mandos. Pero esas gotas en el mar verde de los puestos, es claramente insuficiente.
Esa situación ha degenerado en manifestaciones de tricornios reclamando cosas elementales, lógicas y que apoyan todos los ciudadanos con dos dedos de frente. Y ha degenerado también, que todo hay que decirlo, en que algunos aprovechados echen las redes en el banco de los peces del descontento, para asegurarse un futuro con horas sindicales y escaqueos del servicio. Bajo las reivindicaciones justas, también se esconden los cainitas de turno, que ven el caldo de cultivo para desmilitarizar la Guardia Civil y conseguir prebendas personales. Porque dejémoslo claro. Ese movimiento de la llamada “profesionalización” que algunas asociaciones autodenominadas sindicales reclaman, es también una bomba de relojería en la línea de flotación de la existencia misma de la Benemérita. Primero porque más profesionales que son ya, es difícil serlo. Y segundo porque tras el eufemismo de la “profesionalización” se esconde el deseo de desmilitarizarla. Y un proceso de desmilitarización conllevaría lisa y llanamente la desaparición de la Guardia Civil tal y como la entendemos. Su eficacia se asienta precisamente en ese concepto militar del servicio. Sin la disciplina y espíritu de servicio del que hacen gala, esa eficacia se viene abajo. De ahí que debamos todos apoyar que les mejoren sus condiciones de manera profunda, pero manteniendo siempre su carácter militar. Porque si confundimos el culo con las témporas, nos habremos cargado uno de los mejores cuerpos de seguridad del mundo. Y eso conlleva poner en peligro las vidas y las libertades de todos los ciudadanos.
*César Román es el portavoz del Círculo Ahumada y portavoz de la Asociación Profesional Española de Directores de Recursos Humanos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Los derechos de la Guardia Civil

*Editorial de El Imparcial, diario dirigido por Luis María Anson, socio de honor del Círculo Ahumada
Madrid suele ser escenario habitual de manifestaciones y protestas varias, causando en ocasiones grandes molestias a los habitantes de la capital. Ayer, en cambio, todo transcurrió dentro de la más estricta normalidad, ya que fue la Guardia Civil -“gente de orden”- quien se congregó frente a su sede nacional de la calle Guzmán en Bueno para reivindicar mejoras laborales. Que pasan por equiparar su sueldo con el de la Policía Nacional -aunque lo suyo sería hacerlo también con el del resto de policías autonómicas, superior incluso en un treinta por ciento-, librar al menos un fin de semana al mes y recuperar los festivos trabajados, entre otras cosas.

No parece que se trate de demandas inasumibles. Antes al contrario, lo que pide la Guardia Civil se ajusta a derecho, tanto como el que le asistía para llevar a cabo la concentración de ayer. Así lo entendió el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, quien levantaba la prohibición impuesta por la Delegación del Gobierno a principios de semana, en base a un supuesto carácter sindical del acto. Por más que asistiesen Méndez y Toxo —de aquí al 29 de septiembre harán lo posible para calentar los motores de una huelga general con muy pocos visos de éxito-, lo de ayer era la escenificación de un malestar plenamente justificado, pero sin sindicato alguno detrás. Bien saben los agentes, que tienen prohibidos los sindicatos dentro de la Benemérita, aunque no otras formas de asociacionismo recogidas por la propia Ley Orgánica de Derechos y Deberes de la Guardia Civil de 2007.
Tampoco hacía falta que el TSJM se hubiese pronunciado al respecto. La Delegación del Gobierno de Madrid debería saber que si la protesta de ayer no la organizaba ningún sindicato de la Benemérita -fundamentalmente, porque no existen como tal-, sus agentes tenían perfecto para hacer lo que hicieron. Porque ya que de derechos hablamos, no dice mucho en favor de la Delegación que un tribunal tuviese que recordarle que todos los españoles, guardias civiles o no, pueden disfrutar de una serie de libertades como son las de reunión, expresión y manifestación. Ocurre que detrás de todo ello está lo muchísimo que incomoda al Gobierno el saber que cada día más colectivos alzan la voz en defensa de una reivindicaciones por lo general cargadas de razón. Ese mismo Gobierno al que no interesa en absoluto que se recuerde las condiciones de precariedad en las que la Guardia Civil tiene que desempeñar cada día su labor, tan importante como meritoria. Y que vive en la permanente indefinición de si desmilitarizar a o no a una institución que tiene como una de sus principales señas de identidad precisamente esa, su carácter militarizado.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Defender a la Guardia Civil

*Por Ignacio Cosidó
La Guardia Civil es una Institución básica en la defensa de nuestro Estado de Derecho. Como componente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tiene encomendada por la Constitución la misión de garantizar nuestros derechos y libertades. Lo hace, con enorme eficacia, defendiendo nuestra seguridad a miles de kilómetros en Afganistán y otros muchos países, luchando contra el terrorismo de ETA o garantizando la seguridad ciudadana en miles de pueblos, ciudades y carreteras de nuestra geografía. Es por todo ello una de las instituciones mejor valoradas y más respetadas por los ciudadanos.
El éxito histórico de la Guardia Civil, camino ya de sus dos siglos de existencia, reside en una serie de valores que han estado presentes en generaciones de guardias civiles desde su fundación: la vocación de servicio, la disciplina, la honradez, la profesionalidad y la austeridad. La combinación de la naturaleza militar del Cuerpo y su firme vocación policial ha contribuido sin duda a ese éxito histórico y mantiene hoy, en mi opinión, plena vigencia. Un Cuerpo de Seguridad de esta naturaleza no sólo ha permitido salvaguardar esos valores a lo largo de su historia, sino que ofrece al Estado un poderoso recurso para garantizar la seguridad interior sin tener que recurrir a la utilización siempre compleja de las Fuerzas Armadas dentro de las propias fronteras y permite al Gobierno disponer de un instrumento en su política exterior especialmente valorado por nuestros socios y aliados.
Hoy la Guardia Civil atraviesa una preocupante crisis interna cuyo mayor exponente son las constantes movilizaciones de guardias civiles desde que Alfredo Pérez Rubalcaba es ministro del Interior. Creo sinceramente que el Gobierno actual tiene una enorme responsabilidad en esta situación. En primer lugar, porque los socialistas siempre han mantenido un inaceptable doble discurso sobre la Guardia Civil. Cuando están en la oposición hablan de una progresiva desmilitarización, les prometen la equiparación salarial con otros cuerpos de seguridad y mantienen un idilio con las asociaciones de guardias civiles. Pero cuando llegan al poder hacen justo lo contrario. Se olvidan de sus promesas y redescubren las excelencias de su naturaleza militar, les bajan aún más sus sueldos y arremeten con el régimen disciplinario contra los dirigentes de sus asociaciones. Lo mínimo que piden los guardias civiles es que no se les engañe tan burdamente.
Pero ya en el poder, el Gobierno socialista ha seguido generando unas expectativas de mejoras profesionales y de aumento de derechos que se han visto frustradas por la realidad. La lista de promesas incumplidas sería larga, pero basten algunos ejemplos. En la Ley de Carrera Militar el Gobierno tiene un mandato para elaborar un proyecto de Ley de personal de la Guardia Civil, pero ese proyecto se pudre en algún cajón del ministerio del Interior. En la Ley de Régimen Disciplinario hay también un mandato para aprobar un Real Decreto de misiones de naturaleza militar, pero el Gobierno es incapaz de sacarlo adelante. El ministro del Interior se comprometió a una nueva regulación de la jornada de servicio, pero ésta solo se ha producido ante la amenaza de movilizaciones. La Guardia Civil está siendo además una de las Instituciones más castigadas por la crisis en términos de oferta de empleo, inversiones o retribuciones.
Hay además un fracaso de los instrumentos internos para canalizar el descontento a través del diálogo. El Gobierno legalizó la existencia de las asociaciones profesionales, pero ahora las trata peor que cuando eran meras asociaciones culturales. El Consejo de la Guardia Civil se está mostrando menos eficaz para resolver los problemas que el anterior Consejo Asesor de Personal creado por los Gobiernos del PP. Muchos guardias civiles consideran que en seis años de Gobierno socialista no solo no se ha avanzado en sus condiciones y en sus derechos profesionales, sino que han retrocedido.
España no puede prescindir de la Guardia Civil. Mantener un cuerpo de seguridad de naturaleza militar, como hace la mayoría de los países de nuestro entorno (Francia, Italia, Portugal u Holanda), nos permite disponer de un instrumento esencial para hacer frente a los principales desafíos de nuestra seguridad dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero la naturaleza militar no puede ser una coartada para que la Guardia Civil sea el Cuerpo de Seguridad que más horas trabaja, que menos cobra y que es peor tratada por el Gobierno. Precisamente porque los guardias civiles tienen limitados determinados derechos políticos o sindicales, el Gobierno debería ser especialmente sensible a sus demandas. Nada sería más eficaz para defender la propia naturaleza y existencia de la Institución.
Ignacio Cosidó es diputado del Partido Popular por Palencia.